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Acto de Inauguración del Año Escolar 2010, Plaza de Los No Alineados

Palabras de Miguel de Castilla

Ministro de Educación

Muy buenas tardes, querido Presidente Daniel; querido Cardenal, Juan Bautista, hermano José Antonio, hermana Darling y la compañera Yahaira, Coordinadora Nacional del Movimiento Guarda-barranco; muy buenas tardes queridos estudiantes, queridos maestros, queridos padres y madres de familia, queridos funcionarios del Ministerio de Educación que nos conglomeramos hoy en la Plaza de los No Alineados a inaugurar el Año Escolar 2010.

Querido Presidente, en estos 15 días hemos pasado en la matrícula escolar; ya todas las escuelas de nuestro país han recibido a sus nuevos estudian-tes. El día de mañana, a partir de la 7 de la mañana, todas las escuelas, las aulas de clase estarán abriendo sus puertas para el nuevo ciclo escolar.

Buenas noticias para este año que se inicia. Estamos iniciando el Proceso de Refundación de la Educación Nacional con un Nuevo Sistema Educativo nicaragüense, que conjuntamente con toda la comunidad educativa, durante estos tres años, hemos ido construyendo poco a poco. Ya está la matrícula realizada, era el primer paso en la lucha por la equidad. Ahora comienza la otra lucha... la lucha por la calidad de la Educación, la lucha por el perfeccionamiento y capacitación de nuestros maestros, las prácticas del nuevo currículum, la búsqueda por elevar, de mejor manera, los aprendizajes de nuestros estudiantes.

Este es el cuarto curso escolar de nuestro Gobierno. En los tres anteriores hemos tenido grandes logros en la Educación Nacional, tanto en el campo de la equidad como en el campo de la calidad; Dios nos habrá de acompañar este año, minuto a minuto, día a día, para que tengamos un año escolar de excelencia, en favor de los más pobres de nuestro país.

Para esto, para su invocación al Altísimo, quisiéramos dejarle la palabra al Cardenal Miguel Obando y Bravo, nuestro coterráneo, que ahora nos reconocíamos chontaleños, en la tarea de educar. Cardenal, tiene la palabra.

 

Invocación al Altísimo por

Su Eminencia, el Cardenal

Miguel Obando y Bravo

Señor Presidente de la República, Comandante Daniel Ortega Saavedra; señora doña Rosario Murillo; honorable señor Ministro de Educación, Profesor Miguel de Castilla, Profesor José Antonio Zepeda, Doctor Juan Bautista Arríen; señorita Darling Ríos, Presidenta Nacional de la FES; señorita Yahaira, Coordinadora del Movi-miento Ambientalista Guardabarranco-FES; hono-rables miembros del cuerpo docente, alumnos y alumnas, hermanos todos en Cristo Nuestro Señor.

La Educación es una actividad humana de orden de la cultura. La cultura tiene una finalidad esen-cialmente humanizante; se comprende, entonces, que el objetivo de toda educación genuina, es la de humanizar y personalizar al Hombre sin desviarlo, antes bien, orientándolo eficazmente hacia su fin último, que trasciende la finitud esencial del Hombre.

La Educación resultará más humanizadora, en la medida en que más se abra a la trascendencia, es decir, a la verdad, al sumo Bien. La Educación humaniza y personaliza al Hombre, cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión y de comunión con la totalidad del orden real, por los cuales el mismo hombre humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la Historia.

La Educación evangelizadora, asume y completa la noción de Educación Liberadora, porque debe contribuir a la conversión del Hombre total, no sólo en su profundo e individual, sino también en su yo periférico y social, orientándolo radical-mente a la genuina liberación cristiana, que abre al Hombre la plena participación en el Misterio de Cristo Resucitado, es decir, a la comunión filial con el Padre, y a la comunión fraterna con todos los Hombres, sus hermanos.

La Educación Liberadora, tanto en sus contenidos como en sus métodos, debe ser humanizante, abierta, personalizante. Humanizante: Creadora del Hombre Nuevo, que al redimirse de su propio egoísmo, se vuelve capaz de entablar relaciones efectivamente creativas, no mediatizantes con los demás Seres Humanos y con la Naturaleza, condición esencial para el surgimiento de un Mundo Nuevo.

Abierta: Abierta al Mensaje Evangélico en el cual se inspira su misión del Hombre y del Mundo, a saber, de un Hombre abierto al Amor del Padre común, y al amor y servicio de su semejante, de un modo más Justo y Fraterno. Abierta igualmente a las inspiraciones más profundas y auténticas del Hombre actual, como la aspiración a la Justicia, al respeto a los derechos de las personas, comunidades, naciones; a la Paz, a la Solidaridad Internacional. Abierta, finalmente, a los logros más valiosos del espíritu Humano en los campos de la Ciencia, del Arte y de la Filosofía.

Personalizante: Que no solamente promueva el per-feccionamiento de las capacidades y valores de la persona Humana en su individualidad, como en su originalidad, su autonomía, sus Derechos, sino que desarrolle también la dimensión solidaria, cualidad personalizadora que desterrando el espíritu de predominio y competición, lo sustituya por el de Participación, Colaboración y Servicio.

Reconocemos que la Educación contribuye a lograr un modo más seguro, más Humano, más sano, más próspero, y ambientalmente más puro, y por tanto, favorece el progreso social, económico y cultural, y sobre todo, la tolerancia y la Paz.

Si en otros tiempos, el factor decisivo de la producción era la tierra, y luego fue el capital, entendido como conjunto masivo de maquinarias y de bienes instrumentales, hoy día, el factor decisivo es cada vez más el hombre mismo. Es decir, su capacidad de conocimiento, que se pone de manifiesto mediante el saber científico; es su capacidad de organización solidaria, así como intuir las necesidades de los demás.

En este nuevo año, una vez más, nuestras escuelas reclaman la presencia de sus hijos. El pacífico Ejército del Saber, llama nuevamente a sus filas a sus soldados, deseosos de aprender y de perfeccionarse. Un nuevo año escolar va a empezar y en él, descorreremos todavía más, el velo de la ignorancia que aún nos cubre parcialmente.

Aprestémonos para el estudio, con ardor en la mente, y calor en el corazón; hay que prepararse para corresponder a los esfuerzos de los maestros, tratando de asimilar sus enseñanzas, tanto técnicas como educativas... Tengan fe que cuando termine el curso escolar, serán mejores personas de lo que ahora son, y habrán dado un paso hacia el éxito.

Prepárense también para luchar contra el enemigo común, aunque derrotado cada año, vuelve al siguiente con sus tentaciones y peligros; luchen contra la pereza y las distracciones; contra la indisciplina y la indolencia. Esto lo lograrán concentrándose en el estudio, procediendo con método, y destinando un tiempo para cada cosa, incluyendo la diversión, el reposo, que son elementos indispensables para los estudiantes.

Procuren cada día cumplir con sus deberes a cabalidad, para que al fin de cada jornada puedan acostarse con la conciencia tranquila y el espíritu listo para las labores del siguiente día.

Deseo que este nuevo año que van a pasar juntos, consolide y embellezca el sentido de amistad y franca camaradería que los une, y que todos, condiscípulos y humildes caballeros de una misma camada, lleven en todo momento en sus corazones el lema de aquellos mosqueteros y amigos inse-parables... “¡uno para todos y todos para uno!”

Las victorias de la cultura, que simbolizan el Triunfo de la Luz sobre las Sombras de la ignorancia, son las que nos llenan de orgullo en los países civilizados; grandes son las batallas en los frentes de combate, grandes son las proezas de los militares heroicos y de los polí-ticos infatigables que, dentro de sus terrenos específicos, luchan por extirpar el vasallaje de la injusticia social; pero grandes como ellos, son las batallas silenciosas que los estudiantes ganan día a día en sus aulas de estudio, ya que la cultura es el arma emancipadora por excelencia, y la Historia no conoce ningún pueblo que haya alcanzado su plena libertad y madurez cívica, en medio de la ignorancia individual de sus componentes.

Te pedimos Señor, que por medio del Espíritu Santo, la Fe se arraigue en los profesores, estudiantes, y en todo el pueblo de Dios; que la comunión supere todos los gérmenes de división; que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Que sea siempre Jesucristo nuestra Luz, y que el mundo nos reconozca como sus discípulos porque permanecemos en su Palabra y conocemos la Verdad que nos hará libres, con la libertad de los Hijos de Dios. Amén.